El sábado representamos “Yo voto por mí” de Martin Baltscheit, uno de los pocos cuentos en los que se acerca a los niños al mundo de la política.

“El Rey sucumbe a la tentación de probar su popularidad y pierde las elecciones, pero no hay ganador porque todos los candidatos reciben un voto”. No me interesa la lectura que se pueda hacer del cuento, ya que sería muy diferente si la hacemos nosotros o la hace un niño; me interesa más que el niño viva la experiencia de pronunciar un discurso como candidato, después tener que elegir un candidato y votar. Representar el caos y decidir volver a votar. Creo que la representación fué un poco precipitada por mi parte y quizá no pudieron recrear todas las situaciones debidamente.

El calentamiento fué muy sorprendente ya que evocamos estados de ánimo y todos y cada uno de ellos representó alguno; después jugamos a ser animales diferentes, toro, hormiga, perro, gato…etc., a cuatro patas y después humanizándolos. Era muy sorprendente ver los cambios que experimentaban sus cuerpos y los diferentes ritmos con los que se desplazaban, pero en la representación creo que salió muy poco de este trabajo. Insistiré en trasladar el trabajo a la representación.